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ERYNGIUM PROTEIFLORUM La rosa de las montañas

¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores
Dejemos al menos cantos

Tlatoani Poeta Nezahualcóyotl

 

Existe el espacio-tiempo ideal, con las condiciones apropiadas para que cada organismo cumpla su ciclo de vida: nacer, vivir, tal vez perpetuarse y morir. Existen los hogares, los lugares para ser en plenitud, los hábitats.

 

La eryngium proteiflorum, comúnmente conocida como hierba del sapo o rosa de las montañas, es una hierba perenne endémica del Eje Volcánico Transversal Mexicano. Crece en colonias entre arenal, pastizales y rocas, en altitudes aproximadas de 3,100 a 4,200 msnm. El viento, la humedad y polinizadores como moscas y abejorros, conviven con ella en un hábitat hostil dada la altura y condiciones climáticas.

 

Su ciclo es bianual, la planta brota con los primeros periodos de lluvia de agosto, su desarrollo y floración suceden con la humedad de otoño, la maduración de su semilla en invierno y su latencia/diseminación empiezan en primavera prolongándose hasta mediados de verano.

 

En su periodo de latencia y diseminación la flor adquiere una gran belleza, se torna amarilla/dorada y aparenta estar seca, sin embargo se encuentra viva y en un momento crucial para su reproducción, es cuando se esparcen las esporas que darán origen a decenas de nuevas eryngium. El proceso es casi perfecto, pero el cambio climático está reduciendo drásticamente su hábitat, a esto debemos sumar los incendios y que muchos visitantes a las montañas arrancan la flor en ese periodo, el más crítico para su reproducción, normalmente con el afán de apropiarse de su belleza, esa humana costumbre de atrapar lo que nos gusta sin reparar en los daños. Por décadas hemos interferido en el ciclo de vida de la eryngium proteiflorum acelerando su extinción, al cortar una flor eliminamos también a toda su descendencia.

 

Los humanos antes que al planeta, nos estamos matando a nosotros mismos al destrozar nuestro hábitat, y en el proceso estamos precipitando la extinción de varias hermosas especies. Todo cumple su ciclo, la eryngium proteiflorum cumplirá el suyo y tal vez no podemos evitar su extinción, pero podemos dejar de apresurarla, simplemente no arrancándola. Nada nunca será más bello y pleno de lo que puede ser en el lugar que cuenta con las condiciones idóneas para su existencia.

 

Para muchos es sólo otra flor, sin importancia ni utilidad, pero para otros es una acompañante en el camino, otro ser que merece vivir en paz. Ella cohabita con nosotros, disfrutémosla amándola, entendiendo por amor el deseo y acción de que suceda lo mejor para su bienestar aunque eso implique no llevarla con nosotros. Y si nuestro deseo de ella es incontrolable, accionemos nuestras cámaras, pintémosla, escribámosle poemas… pero dejemos vivir en plenitud a la rosa de las montañas.

 

Dia Amida

http://www.eryngium.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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