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Áreas naturales protegidas y cambio climático

Texto y fotos: Biólogo Cesar Hernández Hernández

Anteriormente hemos comentado sobre las diversas características que hacen de México un país megadiverso en biodiversidad y ecosistemas. A grandes rasgos estas se deben a su ubicación geográfica, su gran variedad de climas, la accidentada topografía y una compleja historia geológica y cultural.

El poseer esta enorme riqueza natural es un enorme privilegio y su protección una gran responsabilidad. En este sentido, el instrumento de política ambiental con mayor definición jurídica para la conservación de la biodiversidad son las Áreas Naturales Protegidas (ANP). Éstas, son porciones terrestres o marinas del territorio nacional representativas de los diversos ecosistemas, en donde el ambiente original no ha sido esencialmente alterado y que producen múltiples beneficios ecológicos.

En México existen 177 ANP de carácter federal que representan más de 25, 628, 239 hectáreas, más del 12% del territorio nacional. Estas áreas se clasifican en Reservas de la Biosfera, Parques Nacionales, Monumentos Naturales, Áreas de Protección de Recursos Naturales, Áreas de Protección de Flora y Fauna y Santuarios (Figura 1). Su objetivo es mantener la representatividad de los ecosistemas y su biodiversidad, asegurando la provisión de sus servicios ambientales mediante su conservación y manejo sustentable, integrando a las comunidades y habitantes que se encuentran dentro de ellas o en sus alrededores.

Algunos de los servicios ambientales que proveen las ANP son alimentos, agua, combustibles, beneficios paisajísticos, espirituales y de recreación. En ellas también se llevan a cabo procesos que regulan la calidad del aire, proveen de hábitat a los organismos y cumplen funciones cruciales para la agricultura como la formación y retención de suelo o la polinización. Muchos de estos beneficios son poco visibles y conocidos, sin embargo, son fundamentales para nuestra supervivencia.

Otros objetivos de las ANP son el manejo integrado del paisaje, la conservación y el manejo de la biodiversidad, la economía de la conservación y la atención a los efectos del cambio climático y la disminución de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Estos últimos objetivos son de vital importancia, ya que las ANP han sido sumamente efectivas para conservar los ecosistemas, permitir la adaptación de la biodiversidad y comunidades que en ellos habitan y enfrentar los efectos cambiantes del clima. Los ecosistemas sanos y en armonía con las comunidades humanas, son elementos fundamentales para la absorción de carbono y la adaptación al cambio climático. En los diferentes tipos de selvas y bosques, humedales, arrecifes, pastizales y muchos otros ecosistemas, se capturan y almacenan naturalmente grandes cantidades de carbono, se conserva la biodiversidad y se mantienen los servicios ambientales.

En la actualidad, a nivel global, poco a poco se ha reconocido y valorado el papel de las ANP como herramientas de mitigación y adaptación al cambio climático. Los ecosistemas prístinos o los que se encuentran bajo algún tipo de manejo, muchos de los cuales están inmersos en áreas protegidas, ayudan a reducir sus impactos.

Existen otros instrumentos de conservación que pueden cumplir algunas de las funciones que las ANP, sin embargo, estas ofrecen ventajas únicas ya que tienen polígonos y fronteras definidas, lo que facilita la estimación de sus valores en términos de potencial de captura y almacenamiento de carbono. Por otro lado poseen atribuciones legales lo que les brinda un mecanismo estable y a largo plazo para su administración, gestión y manejo de los recursos naturales que protege. Además, cuentan con un amplio respaldo nacional e internacional y son instrumentos que han mostrado su efectividad y relativo bajo costo.

Las ANP brindan protección ante eventos climáticos extremos y reducen la vulnerabilidad de los sistemas humanos y naturales. Es decir, estas áreas contribuyen a la adaptación, que es la reducción de la vulnerabilidad de los ecosistemas y las comunidades humanas ante los impactos del cambio climático, así como el aumento de su capacidad de resiliencia. Debemos mencionar que la resiliencia es la capacidad de los ecosistemas y comunidades de “absorber” perturbaciones y modificaciones sin alterar significativamente sus características estructurales y funcionales, teniendo la capacidad de regresar a su estado original una vez que la perturbación haya pasado.

Principales actividades humanas emisoras de gases de efecto invernadero:

• Generación y consumo de energía

• Procesos industriales

• Cambio de uso de suelo y deforestación

• Agricultura y ganadería

• Manejo y tratamiento de desechos sólidos y aguas residuales

Conociendo estas ventajas, es evidente que los sistemas de áreas naturales protegidas, son una respuesta efectiva ante el cambio climático, deben promoverse, incrementarse, reconocer y divulgar la importancia de los bienes y servicios ambientales que nos brindan. Un atributo más de las ANP es la mitigación, que es la reducción de las emisiones de GEI, así como el incremento de la cantidad de carbono almacenado en sumideros naturales. Los múltiples y variados ecosistemas mexicanos, así como su diversidad biológica, son depósitos o almacenes naturales de carbono. Permanentemente, los ecosistemas, la vegetación y el suelo capturan de manera eficiente el bióxido de carbono de la atmosfera, con lo que contribuyen a mitigar el cambio climático. Las estrategias gubernamentales deben estar fuertemente articuladas con la participación de las poblaciones locales y ofrecer una gama de acciones que coadyuven al desarrollo sustentable de sus comunidades y la conservación de los recursos naturales. En contexto, la suma de estos esfuerzos son una respuesta natural palpable y visible frente a las afectaciones ya tangibles y las que vendrán derivadas del cambio climático.

Todos somos responsables, de una u otra forma, de las afectaciones que provocamos a nuestro planeta. Por lo tanto todos debemos ser partícipes de las soluciones. Diariamente realizamos acciones que tienen un impacto en el medio ambiente por lo que es necesario conocer cómo podemos realizar nuestras actividades diarias y nuestro consumo de una manera sustentable. El cambio climático es un problema que nos atañe a todos, no solo a los gobiernos. Como sociedad y como consumidores, tenemos la responsabilidad de utilizar productos y servicios que reduzcan nuestras emisiones y ayuden a conservar la biodiversidad. Todo con el fin de que disfrutemos de los bienes y servicios indispensables para la vida y al mismo tiempo contar con herramientas para mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Súmate al combate del cambio climático:

- Consume productos orgánicos que provengan de las ANP.

- Crea espacios verdes en tu casa, jardín u oficina.

- Reduce tus emisiones de gases de efecto invernadero.

- Reduce el consumo de carne roja y lácteos.

- Consume sólo lo necesario y da preferencia de productores locales.

- Evita incendios forestales.

- Reduce significativamente tu consumo de agua potable.

- Participa en acciones benéficas al ambiente, infórmate del tema. El cambio es responsabilidad de todos.

 

César Hernández Hernández es biólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México, fotógrafo de naturaleza y gusta de practicar deportes de aventura. Ha trabajo durante varios años en temas como conservación de especies, biodiversidad y área naturales protegidas.